¿Cómo viven los niños los duelos?
La forma en que vivan los duelos los niños frente a la muerte de un ser querido, dependerá de varios factores: principalmente de su edad, es decir, de la etapa evolutiva en que se encuentre, la actitud que prevalezca a su alrededor, el tipo de relación que el niño haya tenido con el fallecido e incluso, de su forma de comprender el mundo.
Suele ocurrir que los adultos para tratar de proteger a los niños del dolor de la muerte y aunque a los adultos el entorno les estimula a hablar y llorar para poder lograr una comprensión de la pérdida, no se hace igual con los niños. De esta forma, nadie les ayuda a aprender a manejar sus sentimientos y se llenan de temor porque no pueden reconocer referencias que les ayuden a procesar su duelo al impedirles ser conscientes de lo que ocurre ni que sea válida la expresión de sus sentimientos. Es decir, para tratar de evitar hacer llorar al niño o por no saber qué decir o cómo decirlo, los adultos no hablan con ellos sobre la pérdida. Sin embargo, al intentar proteger a los niños de los sentimientos de dolor, éstos quedan aislados y excluidos de un evento familiar importante.

El niño necesita comprender lo que está ocurriendo y para ello, es necesario explicárselo con palabras que pueda comprender. Incluso en un nivel pre-verbal e intuitivo, perciben que algo anda mal pero no pueden validar estas percepciones. Y al igual que los adultos, necesitan que se les repita la información para poder asimilarla.
Al protegerlos de la la realidad de la muerte también se les niega la realidad de la vida así como la oportunidad de madurar y aprender a manejar este tipo de situaciones. Según sean procesados estos duelos, dependerá en gran medida la manera en que el niño pueda manejar un nuevo enfrentamiento con la muerte en el futuro.
Otro aspecto a tener en cuenta es el momento evolutivo del niño, como referencia a lo esperable de su capacidad de comprensión:
En el niño pequeño, hasta los 5 o 6 años aproximadamente, la principal angustia que genera la muerte está relacionado con el temor al abandono o de ser separado de sus padres. Es vivido como con una sensación de separación temporal porque aún no tienen conciencia de su carácter irreversible.
A partir de los 6 a los 12 años empiezan a comprender el carácter irreversible de la muerte. Suelen creer que el fallecido sigue viviendo en otro mundo